Periodista: Felicitaciones por el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO 2026. Es la primera vez que se premia la biotecnología agrícola en este galardón. ¿Qué significa este hito para usted y para la región?
Raquel Chan: Muchas gracias. Es un orgullo enorme, no solo en lo personal, sino para toda la ciencia latinoamericana. Que la biotecnología agrícola reciba este reconocimiento valida que la ciencia aplicada a la producción de alimentos es urgente. Estamos viviendo una crisis climática global y la ciencia debe dar respuestas concretas. Este premio demuestra que desde el Sur global desarrollamos tecnología de punta capaz de impactar al mundo entero.
P: Su nombre está indisolublemente ligado al gen HB4. Para alguien que no viene del mundo de la ciencia, ¿cómo le explicaría qué es y qué hace este descubrimiento?
R.C.: Siempre uso una metáfora muy sencilla: el girasol. Todos sabemos que el girasol es una planta extremadamente fuerte, que tolera muy bien la falta de agua y el sol radiante. Lo que hicimos en nuestro laboratorio del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) fue identificar el «interruptor» genético que le da esa fuerza. Ese interruptor es el gen HB4. Lo aislamos y lo introdujimos en otras plantas que sufren mucho con la sequía, como el trigo y la soja. El resultado es que, cuando no hay agua, estas plantas no se mueren ni se marchitan de inmediato; «comprenden» que el agua escasea, regulan su consumo y siguen produciendo de manera eficiente.
P: El camino desde el laboratorio hasta que un agricultor siembra esa semilla tarda décadas. ¿Cómo se gestiona la frustración en un proceso tan largo?
R.C.: La ciencia no es magia, es persistencia. Entre el descubrimiento del gen en el año 2003 y las aprobaciones comerciales pasaron casi veinte años. En el medio hay miles de experimentos que fallan, hipótesis que se caen y momentos de mucha incertidumbre económica. El secreto del científico es amigarse con el error. Si no toleras la frustración, no puedes hacer investigación. Además, la clave fue la articulación público-privada entre el CONICET, la Universidad Nacional del Litoral y la empresa Bioceres. Ninguna de las partes habría llegado sola a la meta.
P: Existe un debate social y ético continuo sobre los cultivos modificados genéticamente (transgénicos). ¿Qué le responde a quienes miran con desconfianza esta tecnología?
R.C.: Respeto los temores porque muchas veces nacen de la falta de información, pero la ciencia es categórica. Los cultivos editados o modificados pasan por los controles de bioseguridad más estrictos del planeta antes de salir al mercado. Evaluar su impacto ambiental y alimentario toma años. La realidad nos choca de frente: la población mundial crece y las tierras cultivables disminuyen por la desertificación. Si no usamos la tecnología para hacer que las plantas resistan al cambio climático, no habrá forma de alimentar al mundo de manera sostenible. El HB4 no es el enemigo; es una herramienta para la supervivencia alimentaria.
P: Usted se ha convertido en un referente absoluto para las mujeres en la ciencia. ¿Siente que el panorama ha cambiado desde que comenzó su carrera?
R.C.: Ha cambiado, sin duda, pero las barreras invisibles siguen existiendo. En las bases de las carreras científicas hay muchísimas mujeres, pero a medida que subes a los puestos de toma de decisiones o direcciones de institutos, el número cae drásticamente. Conciliar la maternidad y las tareas de cuidado con la altísima exigencia de la producción científica sigue siendo un desafío enorme que recae mayoritariamente sobre nosotras. Premios como este ayudan a visibilizar que lideramos proyectos de escala global, pero se necesitan políticas estructurales de apoyo continuo.
P: Después de ganar el premio máximo al que puede aspirar una científica en su área, ¿qué sigue para Raquel Chan?
R.C.: El laboratorio sigue funcionando todos los días, el premio no cambia eso. Ahora estamos investigando otros genes que no solo confieren resistencia a la sequía, sino también a la salinidad de los suelos, que es otro problema gravísimo derivado del cambio climático. Además, estamos probando estas tecnologías en cultivos hortícolas, de consumo más directo para la mesa familiar. El conocimiento nunca se detiene, siempre hay una pregunta nueva que responder.

