Durante 46 días, los bloqueos partieron a Bolivia en dos. Leímos las noticias y los testimonios de cada jornada para reconstruir, día por día, el ánimo de la gente. Esto no es una encuesta: es un termómetro hecho con palabras. Acá podés moverlo vos mismo.
El 1 de mayo de 2026 la Central Obrera Boliviana convocó a movilizarse. A los pocos días, campesinos, mineros, transportistas y otros sectores empezaron a bloquear carreteras en varios departamentos. El reclamo era amplio: mejores salarios, observaciones a la Ley 1720, y en algunos casos la renuncia del presidente.
Lo que empezó como protestas sueltas se volvió una crisis nacional. Las ciudades quedaron sin abastecimiento normal de alimentos, combustible y medicinas. Hubo marchas a favor y en contra, enfrentamientos, y muertes vinculadas a la imposibilidad de trasladarse. Para mediados de junio, los bloqueos empezaron a ceder por agotamiento.
La pregunta que casi nadie midió: ¿cómo cambió el ánimo de la gente durante esos 46 días? Eso es lo que intentamos reconstruir.
Mové el control para viajar por el conflicto. Las barras azules son los puntos de bloqueo que reportó la ABC cada jornada. La línea de color es el ánimo estimado: rojo = agotamiento, verde = ánimo alto.
El método se basa en un diccionario de palabras con carga emocional. Escribí cualquier frase (o tocá un ejemplo real) y mirá cómo se encienden las palabras: verde suma ánimo, rojo resta. El puntaje final va de 0 a 10.
Recogimos 37 titulares y testimonios fechados de medios bolivianos e internacionales (Opinión, ABI, Infobae, teleSUR, La Nación) y posts públicos, repartidos en 13 momentos a lo largo de los 46 días.
Para cada jornada usamos el número de puntos de bloqueo que publica la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC). Es un hecho verificable, no una interpretación.
Un diccionario asigna una carga (de −2 a +2) a términos como "muerte" o "escasez" (negativos) y "tregua" o "alivio" (positivos). El promedio se convierte en un índice de 0 a 10. Es lo que probaste arriba.
Dos "jueces" independientes clasifican el ánimo de cada jornada con criterios distintos: uno mira las palabras, el otro solo los hechos duros. Si coinciden, la medición es confiable.
El acuerdo entre los dos jueces se mide con el Kappa de Cohen. Y comparamos la curva del ánimo con la de los bloqueos: cuando una sube, la otra baja. Las señales independientes cuentan la misma historia.
Cuando una palabra positiva describía algo negativo (un "corredor humanitario" atacado), corregimos el texto. El método es simple y tiene límites; los declaramos abajo.
Leé el titular real y elegí el nivel de ánimo que transmite. Después te mostramos qué decidieron los dos jueces del estudio.
No es una encuesta. Nadie le preguntó a la población cómo se sentía cada día. Es una estimación a partir de textos y de hechos, no una medición directa de la opinión pública.
El diccionario es simple: no entiende ironía, ni dobles sentidos, ni el contexto completo. Los titulares de prensa tienden al dramatismo, así que el ánimo puede verse más oscuro de lo que sintió mucha gente común.
Y un detalle clave: movilizados y vecinos de ciudad vivieron ánimos opuestos. Esta línea promedia a todo el país. Tomalo como una brújula aproximada para conversar, no como un número exacto.
Para llegar a un estándar académico faltaría: jueces humanos reales codificando a ciegas y un corpus de redes sociales geolocalizado.