Todo ha subido. Y no, no hablo solo del tomate o la gasolina.
También existe algo que casi no discutimos: la inflación digital.
En los últimos cinco años, los costos de operar en internet han aumentado de forma importante. Lo que antes parecía barato o incluso accesible para emprendedores, hoy se ha convertido en un gasto fijo más del negocio.
Algunas cifras aproximadas:
📈 Dominio .com: +31%
📈 LinkedIn Premium: +33%
📈 Shopify Basic: +34%
📈 Google Workspace: +40%
📈 Microsoft 365 Business: +40%
📈 Revistas digitales premium: hasta +53%
Recuerdo cuando muchas suscripciones costaban menos de 30 dólares al mes. Hoy varias duplican ese valor y, además, aparecen nuevos cobros por almacenamiento, seguridad o funciones de inteligencia artificial.
¿La razón?
Por un lado, la inflación global también afecta a la economía digital: servidores, electricidad, centros de datos y personal especializado son cada vez más caros. Pero además, las grandes plataformas han cambiado su modelo de negocio. Ya no buscan solo crecer; ahora buscan rentabilizar más a cada usuario.
La IA tampoco es gratis. Entrenar modelos, procesar millones de consultas y mantener infraestructura global cuesta miles de millones de dólares. Al final, parte de ese costo termina trasladándose a las suscripciones que pagamos.
Internet prometía democratizar el acceso al conocimiento y reducir barreras. Y en muchos aspectos lo logró. Pero hoy queda claro que la nube también tiene inflación.
La nueva canasta básica de una empresa ya no incluye solo alquiler, salarios y servicios. También incluye dominios, hosting, software, nube e inteligencia artificial.
Porque en 2026 ya no basta con estar conectado a internet. También hay que poder pagar por seguir estando.

